Nos sentamos en el césped sólo para hacernos fotos de nuestros pies cruzados, con nuestro espejo de ideas recibidas que proyecta el futuro y da lugar a la verdadera revolución de dentro a fuera y de fuera a dentro, aprendiendo a respirar, a hallar el ritmo del otro, a despojar a la vida de su traje de culpas, aprendiendo a hacer el amor.
Dimos media vuelta y salimos juntos, corriendo de la mano, comentando las incidencias de las pequeñas gamberradas que habíamos hecho y que sólo nosotros entendíamos. A nuestra edad. Nos sentamos, riendo, en un banco y observamos esa insolente arbitrariedad estética de la plaza de Oriente casi en silencio con el masaje vibratorio del metro pasando bajo nuestros pies.
Me miraste fijamente como un entomólogo y supongo que pensaste que sólo me faltaban las alas para ser un bicho raro. Era una hora fuera de toda hora, como un agujero en el tiempo, en el que podría estar mirando una terraza, un perro, el pasar la gente por la calle, pero accedía al socaire de las otras horas teniéndote en los brazos, tocándote con algo que no se apoya en los sentidos entre mármol y el cielo. Fluía ya en una palabra desatinada que busca por sí misma semánticas aleatorias entre sargazos de tiempo, creciendo y metamorfoseándose como una larva translúcida que nunca será una medusa ni cambiará de color.
Ya ha nacido la noche y corto la pausa de la galaxia para perforar la burbuja y recordar que mañana trabajo y que sólo tenemos varias horas al día para volver a ser niños corriendo libres por el patio.
EPIC
Photo by Craig Cowling via chagrin > (via roesje, ahomeforghosts, sexhappy and syntheticpubes)
y cortó sus alas y cayó del cielo, conmocionado, para comprobar por sí mismo que se había hecho el infierno en la tierra, que las pasiones mundanas arrastraban a quienes consideraba “los fieles”, y vio que era bueno.
y contempló la lujuria sobre una mesa donde la fornicación se envolvía de pasajes de la biblia escritos sobre panfletos paganos.





